Me siento cansado y desmotivado.
La falta de enfoque acaba por agotarme y hacerme sentir que no avanzo aunque haga muchas cosas.
Necesito escaparme de mis trampas mentales que me retrasan y a veces hasta me paralizan.
Cómo describir ese proceso en el que mi mente me impide actuar, y me hace dudar hasta de las cosas más simples?…. Titubear en momentos como al despertar por la mañana. En cosas tan cotidianas como tomar mi celular ahorita y explorar las novedades del instagram o ponerme a escribir mi sueño. Me llevo mi bocina portátil para escuchar música mientras voy al baño, o voy al baño sin ella? Me llevo un libro o no?
Al mismo tiempo un componente emocional dificulta aún más esa pequeña disyuntiva, al enojarme conmigo mismo por tomarme tanto tiempo mental para decidirme. Un burlón dentro de mi me llama patético por no poder precindir de mi celular y de mi bocina para ir al baño. Como si realmente me volviera desamparado al no poseer esos alisientes electrónicos.
Un miedoso dentro de mi ha conquistado un gran número de mañanas haciendome creer que el mundo es insoportable sin una pieza musical. Le teme a cualquier cosa que se le parezca al vacío.
Bukowski dice en una cita conocida que si eso no viene a ti como una erupción, como algo que no te deja descansar, o como algo inevitable; que no lo hagas.
En cierta forma le doy la razón, porque de un tiempo para acá trato de hacer solo aquello que sea exactamente lo que me de la gana. Nada por compromiso, nada solo por dar una buena impresión ante los demás, nada que sea visto internamente por mi como una obligación autoimpuesta. Nada que no pueda disfrutar.
Las ganas de las que hablo se podrían traducir en el mundo de Bukowski como aquello que me empuja y me da un motivo para acercarme a lo que en verdad quiero de la vida.
A veces pienso que nada viene así. Que tengo ganas de nada.
Pero cómo podría ser no tener ganas? Es eso posible?
A veces no tener ganas de moverse o de actuar es solo un deseo de pararse a ver todo ese ruido mental. El mar de necesidades en conflicto. Estudiar ese caos para decidir a que le voy a dar prioridad. Y al llegar a la desición ese panorama antes lleno de caos se vuelve limpio. Todo ese ruido se vuelve ahora sinfonía.
Pero es necesario detenerse para poder escoger.
Mientras escribo esto, mi novia (Pamela) se me acerca intuyendo mi tribulación. Me muestra el mazo de cartas. Me manda escoger una. Tomo la que sé que es para mi.
Desde que hice mi documental auto-retrato (En Busca del Apalamich), el tarot ha ido tomando cada vez más importancia simbólica en mi vida.
Volteo la carta y veo que es la del Diablo al revés. Viendola así la antorcha mira hacia a bajo.
-Normalmente el Diablo simboliza a alguien que ha tocado fondo y que ahora se levanta con una luz que le permite ver. Resuelto y en dominio de sus impulsos camina con paso firme. Pero cuando sale al revés – dice Pamela- se podría interpretar como alguien que utiliza la luz de la antorcha para ir a alumbrar el mundo de sus sombras.
Voy a encontrar aquello que me molesta y que me retiene, que esta escondido en mi obscuridad. Y voy a plasmarlo.
Hoy ha sido un día de esos.
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